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Fauna de la montaña
Entre las sierras más elevadas destacan el Aramo (1872 m.), situada entre los
concejos de Riosa, Morcín y Quirós; la sierra de Cuera (1315 m.), cruza de este a oeste
el concejo de Llanes; la cordillera del Sueve entre Colunga y Caravia lleva dirección
oblicua hacia el mar y sus picos más altos son el pico Pienzu (1149 m.) y el Mirueyu
(1133 m.) Otro elemento montañístico a considerar son los Picos de Europa, que forman
parte de la Cordillera Cantábrica, pero están separados de ella por los valles de
Valdeón (León) y Liébana (Santander). El pico más alto de los Picos de Europa en
Asturias está ubicado en su macizo central en Torre Cerredo (2648 m.) que es a su vez el
más alto de Asturias. Otros núcleos importantes de la Cordillera Cantábrica son la sierra de Degaña
(el Picón de 1872 m.); la Peña Collada; Peña Ubiña (2417 m.) etc.. Existen, dentro de la fauna de la montaña asturiana, especies de animales que
pertenecen a este medio pero que quedan En cuanto a los pájaros se puede decir que son los auténticos reyes de la
montaña, destacan entre ellos: el águila real, planeando sobre las montañas
asturianas y anidando en cumbres cubiertas de nieve, de esta especie quedan pocos
ejemplares en las montañas astures; el búho real, también en peligro de
extinción, se puede considerar privilegiado el observador que lo oiga ulular en las
noches de las montañas; el buitre común, especie que estuvo en peligro de
desaparición pero que se logró recuperar; el alimoche, otro animal carroñero,
disperso por todas las montañas de Asturias, pero que migra por los inviernos a Africa; el
halcón común o peregrino, ave de presa en recuperación; la perdiz pardilla,
es un ave que vive cerca de espineras y sus vegetales preferidos son el brezo, el espino y
el acebo, abundan en los concejos de Cangas del Narcea, Belmonte, Degaña, Somiedo, Ibias,
Allande, Piloña, Parres y Cangas de Onís; y por supuesto, el rey de los bosques
asturianos, el urogallo. Dentro de la familia de anfibios y reptiles hay que destacar la lagartija de monte, que prefiere altitudes superiores a los 800 m., y destaca también el color de los machos que es de un verde muy vivo; la lagartija de turbera o el lagarto ocelado.
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Fauna de los bosques
Un claro ejemplo
es el ciervo, que se ha extendido por todos los bosques de la montaña asturiana; el
corzo, habitante de la campiña siendo el bosque su medio natural, sus grandes enemigos
son el lobo y la nieve, quizá por eso ha sido visto, frecuentemente, en los bosques
próximos al litoral. Si citásemos
todas las especies de pájaros que viven en los bosques asturianos nos extenderíamos
demasiado, pero haciendo una breve pasada, nos encontramos en primer lugar: el urogallo,
sin duda el emperador de los bosques asturianos, por su arrogancia y el espectacular
despliege de encantos a la hora de realizar el cortejo a la hembra; el pito negro, un
pájaro carpintero grande, negro, con la parte superior de la cabeza de color rojo; el
gavilán o ferresebes, ave de presa rápido y agresivo, cazando al vuelo pequeños
pájaros; el azor, ave de presa muy parecida al gavilán, pero de mayor tamaño; el azor o
zaperu, otro ave de presa de costumbres muy parecidas al gavilán, pero captura presas de
mayor tamaño. Pájaros carpinteros, picapinos, picatuelos, mosquiteros, carboneros, currucas, trepadores. Aves de presa nocturnas, cómo el búho chico, el cárabo y el autillo también son habitantes típicos de nuestros bosques.
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Fauna de los valles En los valles, el
esplendor de la naturaleza es completo. Plantas y animales crecen y viven aprovechando las
favorables condiciones de humedad y calor que les dispensa la exuberante vegetación. Entre toda la
variedad podemos destacar los siguientes: la garduña o fuina, astuta y ágil, es difícil
de ver y cuando acertamos a coger una, su ferocidad se muestra con tremendos mordiscos en
todas direcciones; la comadreja, pequeña y sanguinaria, vive cerca de casas de campo; el
turón, que busca el agua como casi un medio de vida; el gato montés, una especie de
mamíferos casi en total extinción; la gineta o xineta, que por el contra al gato montés
mantiene un alto
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Fauna del litoral Asturias, con
aproximadamente 350 km de costas frente al mar Cantábrico, es una de las regiones
españolas con más amplio litoral. Esto condiciona notablemente el clima y
consecuentemente influye sobre la flora y fauna marinas del litoral asturiano. De este
modo las costas y playas asturianas, así como las rías forman el nicho ecológico ideal
para el desarrollo de una gran variedad de invertebrados, moluscos y crustáceos
especialmente, así como de anélidos y también de vertebrados. Si a esta cálida
temperatura del agua unimos la existencia de extensos campos de algas y plancton, el
número de especies marinas que viven en aguas asturianas sobre la estrecha plataforma
continental y las rocas de la costa, es tan grande, que resulta difícil dar aquí una
idea de su variedad.
La fauna de
invertebrados es abundante en toda la costa, tales como esponjas, anémonas de mar,
mejillones, lapas o llámpares, estrellas de mar, andariques, centollos, pelones,
quisquillas, el quisquillón, la langosta y el bogavante, bugre o llocantru, bígaros,
percebes, oricios (erizos de mar), pulpos, sepias, berberechos, almejas, navajas. En cuanto a peces
tenemos gran representación de: lisas o muiles, lubinas o roballizas, doradas, gobios,
lanzones; el salmón, importante elemento de la gastronomía asturiana, estuvo en
importante peligro de desaparición. La presencia cerca
de las costas de Asturias de grandes mamíferos marinos es ya una referencia histórica.
Grandes cetáceos, como el cachalote, son ahora muy escasos y difíciles de observar en
nuestras aguas costeras. Otro mamífero más pequeño, el delfín común, todavía es
abundante en aguas costeras, nadando en grupos de persecución de los mansíos de sardinas
y bocartes. También los
calderones, antes tan populares y fáciles de ver, no hace aún 25 años penetraban
regularmente dentro de los puertos asturianos, como se veían en el Fomento y Fomentín de
Gijón. Las pequeñas marsopas también han disminuido tanto que es ahora novedad ver
alguna en aguas de los puertos y su presencia mar afuera es irregular. La agresiva y
gigantesca orca se mantiene alejada del literal y es raro observarla cerca de la costa. Otros mamíferos
marinos, como las focas, llegan esporádica e irregularmente a las costas de Asturias,
casi siempre en otoño e invierno. Las aves marinas
son abundantes en toda la costa asturiana. Solamente 3 especies se reproducen ahora en
acantilados e islotes. Pero durante otoño e invierno son muchas las que o bien pasan en
migración frente a la costa o invernan aquí. Los netamente marinos, como los negrones,
se ven en vuelo rasante frente a las costas formando líneas contra el horizonte,
fácilmente observables desde la costa. Colimbos y zampullines o semerguyos, son
igualmente frecuentes en estuarios y frente a las playas o en remansos de bahías y
puertos. Lo mismo sucede con los págalos o cágalos, aves depredadoras del tamaño de una
gaviota que persiguen en vuelo rápido y con una increible tenacidad a los pequeños
chirris y a las gaviotas, obligándoles a soltar la presa e incluso devolver la comida que
llevan en el buche. Los chirris y
garrochinos abundan desde agosto hasta octubre, volando incesantemente tras la estela de
los buques pesqueros. El mayor es el charrán patinegro, con fuerte pico. Mucho más
popular en aguas costeras entre los pescadores es el mazcatu o alcatraz; e este grande y
fuerte ave marina, de plumaje blanco y negro los adultos y pardo oscuro los jóvenes, se
reproduce en islotes de los mares septentrionales de Europa, pero a partir de agosto llena
el Golfo de Vizcaya; sus zambullidas para capturar las presas son realmente
espectaculares, lanzándose al agua desde gran altura y persiguiendo peces bajo la
superficie. Abundantes en alta
mar son los paíños, las aves marinas mas pequeñas de nuestro litoral, vulgarmente
conocidas aquí como paínos o paxarinos de San Pedro por su costumbre de revolotear sobre
la superficie de las aguas con las patas colgando como si "caminaran". Las especies
conocidas con el nombre de tiburones o marrajos, comprenden un variado grupo de especies.
La cañabota no suele medir más de 1m, pero es un depredador temible de sardinas. El
solrayo es mucho mayor, un verdadero tiburón que puede pesar hasta 300 k y que,
afortunadamente, es raro en nuestras aguas. Más popular y conocido es el marraxu o
cailón, otro tenaz perseguidor de los bancos de sardina. El pez zorro, vulgarmente
conocido como gatu y que se distingue fácilmente en alta mar por sobresalir mucho del
agua su aleta caudal en forma de hoz. La patarroxa, pintarroja o riñón, que igualmente
parece un pequeño tiburón, es muy abundante y las manchas que tiene por todo el cuerpo
la hacen inconfundible. El bocanegra, que tiene de este color la mucosa de la boca, es
realmente popular, llamándosele olayu, colayu y baquía. Mucho más conocida es la
tintorera, también un pequeño tiburón conocido como canía o canilla y al que con
cierta frecuencia se le ve en el interior de los puertos. La tembladera o temblera, es un
curioso pez que produce descargas eléctricas al tocarlo. También las rayas abundan en
aguas de Asturias, tanto a profundidad como cerca de las playas y pedreros, e incluso en
las aguas salobres de los estuarios. La raya común es la que más se ve y pesca. La raya
picón tiene un largo hocico y vulgarmente se la conoce como picuda; el chuchu o
pastinaca, que llega a medir hasta 1m de longitud y tiene una espina venenosa en el centro
de la cola. Las especies que
se llaman pelágicas, es decir, que se reproducen lejos de la costa, son las más
conocidas. Así la sardina, la parrocha es la sardina pequeña, forma grandes mansíos
cerca de la costa, a menudo frente a las mismas playas. El bocarte, conocido también como
anchoa. Fanecas o fañecas, abadejos o cernetones, barbadas y palometas o japutas son muy
abundantes. Las barbadas se capturan desde las mismas rocas, ya que muchas de ellas viven
en aguas poco profundas y en campos de algas o charcos intermareales. A mayor profundidad
hay abundancia de cabras, cabrillas, julias, etc.. ; jureles o chicharros, salmonetes o
saramoyetes, besugos, brecas o picas y chopas forman un grupo de peces muy apreciados,
pero que se resisten, por ahora, a las intensas capturas. La araña o
escorpión, que enterrada en la arena es peligrosa por sus pinchazos son las espinas de la
cabeza y aleta superior y que son muy dolorosos. La cabrarroca, vulgarmente tiñosu,
cabrallocha, racacio, etc, el pixín, ancho y fuerte, todo cabeza con dos tentáculos en
ella, también conocido como rape o sapo. Entre las especies que viven en las playas de
arena, el lenguado, el rodaballo, muy grande, el gallo que está a mayores profundidades,
pero que resulta ser muy popular en Asturias; Aunque el atún y
el bonito no son especies propias de las aguas litorales, abundan en el verano en alta
mar, lo mismo que la melba y la albacora. Generalmente despreciados son los muiles o
lisas, de los que se separan varias especies.
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El oso pardo El oso asturiano
tiene el pelaje en general, de color pardo oscuro, aunque existe una variación muy grande
en cuanto a tonalidades dentro de la gama del tono parduzco. En cuanto a sexos
no hay una diferencia apreciable en el color del pelaje. Por el contrario, en cuanto a
edades sí, ya que los osos más jóvenes tienen el pelo más brillante y oscuro, mientras
que los ejemplares más viejos muestran un pelaje más grisáceo y falto de brillo. El oso es un
animal fuerte y muy musculoso, de apariencia torpe y pesada, pero, por el contrario dotado
de gran habilidad y rapidez de movimientos. Los osos asturianos de más de 3 años de
edad, que han dejado de ser esbardos (oseznos), cuando ya pueden ser considerados como
adultos, su peso oscila entre un amplio margen de 80 y 230 kg., aunque es excepcional que
pasen de 200 kg.; por el contrario, las hembras estan en un margen entre 60 y 140 kg. En cuanto a la
altura de un oso adulto, desde la raíz de la cola hasta el hocico, pueden llegar a medir
de 1,70 a 2m. Es un animal
dotado de una gran fuerza física, destacando su cuello corto y de gran desarrollo
muscular. Las manos son más cortas que las patas, razón ésta por la que el oso corre
muy bien cuesta abajo, sin embargo le cuesta mucho bajar por pendientes pronunciadas, en
donde se sienta en el suelo y deja deslizar el cuerpo guardando el equilibrio con su
cuerpo; pese a esto es un magnífico trepador. Tiene muy buen oído, buen olfato y una
vista regular. El oso asturiano
vive preferentemente en bosques de montaña; en sus desplazamientos, que son continuos,
prefiere ir oculto entre la densa vegetación, evitando los lugares descubiertos. El núcleo
principal de osos en Asturias se localiza en la parte occidental de la Cordillera
Cantábrica; el primero ocupa desde los montes de la Sierra de los Ancares, noroeste de
León y los concejos asturianos de Cangas del Narcea, Somiedo, Degaña, Belmonte, Tineo,
Teverga, Proaza, Quirós y Lena. A pesar de que su
dentadura es la de un mamífero carnívoro correspondiente con su aparato digestivo, el
oso asturiano es un animal omnívoro y su alimentación está basada principalmente en
materias vegetales. Come mucha hierba seca, frutos silvestres, raíces y tubérculos; le
encantan los arándanos, frutos silvestres que abundan en los bosques asturianos; así
como las moras, fayucos, bellotas, castañas, avellanas, etc.. También come panoyas
tiernas de los campos de maiz y, como no, su plato predilecto es la miel, que encuentra en
colmenas silvestres de las que extrae el dulce manjar, así como la cera de los panales e
incluso las larvas de las abejas, las cuales se defienden del animal atacándole en su
punto más débil el hocico. También los
caracoles, babosas, lombrices de tierra, insectos, etc.. constituyen una parte muy
importante para su dieta; pero si a pesar de todo estos menús en que elegir, el año es
malo para la fructificación, ataca al ganado que pasta en los puertos de montaña, pero
esto es inusual ya que cuando esto ocurre se trata de osos viejos y solitarios. El oso pasa el
invierno solitario en una cueva u osera que él mismo prepara, forrándola con hierba seca
y ramaje, en un lugar de difícil acceso. Durante el invierno sufre un aletargamiento, no
duerme profundamente ya que si se le sorprende despierta y huye de inmediato. El macho se encama
hacia finales de diciembre, a no ser que la nieve cubra los montes primero, mientras que
la hembra lo hace durante los primeros días de noviembre, momento en el que alumbra sus
oseznos. Los partos de las osas varían según se trate del primer parto o sucesivos, si
se trata del primero sólo alumbra uno, mientras que en los siguientes pueden variar de 2
a 3 nalgaños. El oso es
polígamo, ya que cubre a varias hembras durante el mismo celo, pero una vez pasado este
período las abandona haciendo honor a su carácter solitario. En cuanto a la población osera del Principado de Asturias se estima que será de unos 40 o 50 individuos adultos; pero sigue siendo un animal "estrictamente protegido", ya que es objeto de cazadores furtivos, envenenamientos y trampas de cazadores puesto que se trata de un trofeo muy codiciado.
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El asturcon El asturcón es un
caballo de pequeño tamaño que en la Antigüedad ocupaba grandes extensiones de terreno
dentro de Asturias, sin embargo, en la actualidad su hábitat ha quedado reducido a una
pequeña área montañosa de aproximadamente 100 km2 ,ubicada en el monte del
Sueve y que ocupa los concejos de Parres, Piloña, Caravia y Colunga. Este pequeño
équido fue muy apreciado en su tiempo, tanto por los antigüos astures, como por los
pobladores romanos; ya que se trata de un animal que, a pesar de su pequeño tamaño,
posee una gran fortaleza física y una enorme resistencia a las temperaturas extremas. El asturcón puro
posee una cabeza corta y cuadrada, los labios son gruesos, los ojos vivarachos y muy
móviles, y con orejas pequeñas; la espalda es corta y el vientre muy voluminoso. Su piel
es gruesa y las articulaciones fuertes, probablemente debido a que vive en un hábitat
duro. El color del pelo es muy oscuro, casi negro y sus cerdas gruesas, debido también a
las inclemencias climáticas. Todos los
ejemplares que pastan libremente por el Sueve pertenecen a ganaderos de municipios de
Parres, Colunga y Piloña; estos ganaderos los tienen marcados para distinguirlos, y en
otoño suben al monte para marcar los potros que han nacido, que se distinguen porque
permanecen al lado de las yeguas; estos potrillos o rastras, junto con las yeguas, son
empujados con gritos hasta el fondo de algún pequeño valle, que constituye un encierro
natural y al que se le conoce con el nombre de pescadero, se cogen a lazo a los que
todavía no llevan marca, poniéndosela cada ganadero a fuego y soltándolos después. Los asturcones son fáciles de reconocer cuando se les ve correr y saltar entre los peñascos y al borde de los precipicios, y especialmente por resistir muy bien las duras condiciones metereológicas del Sueve.
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El lobo El lobo es el mayor y más fuerte de los depredadores que viven en las tierras
asturianas. La raza ibérica del lobo que vive en Asturias es la del "Canis lupus
signatus"; una raza de lobo cuyo macho adulto no pasa de los 40-45 kg.; el pelo del
cuerpo es gris, con grandes manchas pardo-amarillentas, la cabeza es grande con un hocico
alargado y los ojos oblicuos y penetrantes, y la cola larga y bien poblada. Es un animal que vive en solitario o en parejas, pero en invierno se pueden
agrupar, formando partidas que vagan por los montes e incluso se acercan a pueblos y
aldeas. El lobo ataca con frecuencia al ganado lanar, caballar y vacuno, así como a los
grandes animales salvajes, como corzos y ciervos. Los daños que produce en los rebaños
son incalculables, de ahí la persecución que sufren por parte de los ganaderos; para
comer una oveja, un solo lobo mata varias y provoca en el rebaño tal pánico, que muchas
mueren, por asfixia, al ser pisoteadas por el resto del rebaño; Su estrategia de caza es
realmente digna de mención, mientras uno ataca por un lado, otros esperan acechando el
paso del ganado, que huye por el único lugar posible. En cuanto a los perros que cuidan
del rebaño, suelen ser atraídos en una dirección por uno o dos lobos del grupo,
mientras los demás atacan al rebaño; en este engaño caen incluso los propios pastores
que cuidan de sus rebaños. El lobo es un animal muy desconfiado y precavido, con un olfato y un oído muy
finos, al igual que la vista. Normalmente el lobo no ataca al hombre y evita ser visto por
él. Durante el celo también presenta signos de fiereza; el cortejo comienza en
diciembre y llega hasta finales de febrero, momento durante el cual los machos luchan
encarnizadamente entre sí para cubrir a las hembras. La gestación de las hembras dura
dos meses y las crías nacen en plena primavera; la mayor parte de las camadas están
formadas por seis-nueve lobeznos. Cuando están a punto de parir, las hembras se retiran a
zonas apartadas, ocultándose bajo espesos matorrales, donde hacen una especie de cama con
hierbas secas y hojas. Los recién nacidos permanecen ciegos hasta aproximadamente los
quince días de vida, y cuando son capaces de andar son tan juguetones como un perro
pequeño, alcanzando la edad adulta a los 3 años. Lo más fascinante del lobo es el aullido, que se suele producir en determinados
crepúsculos en incluso en noches cerradas, pero más a menudo en noches claras y cerca de
la época de celo; se trata de un sonido prolongado y muy audible a gran distancia que
siempre impresiona. Se dice que mediante el aullido, los lobos comunican su estado de
ánimo e incluso logran ser reconocidos individualmente. El lobo puede llegar a vivir de doce a quince años, pero se trata de casos aislados, ya que el lobo padece muchas enfermedades, normalmente todas las de los perros, y muere, por lo general, antes de los seis u ocho años.
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El jabalí Es un animal muy abundante en Asturias; en pocos años se ha desplazado,
descendiendo del monte y ocupando zonas donde antes no era conocido, constituyendo esta
abundancia un auténtico peligro para la agricultura. Es un animal de cuerpo muy fuerte y compacto, las patas cortas y la cabeza
grande, con un poderoso hocico y pelaje pardo negruzco, formado por cerdas largas y duras
y debajo de ellas una espesa lanilla. El hocico está reforzado por los colmillos de las
dos mandíbulas, que, en especial en los machos, crecen mucho, curvados hacia arriba,
fuera de la boca. El peso de los jabalíes en Asturias parece ahora mayor que hace unos años, y es
frecuente cazar alguno cuyo peso supera los 100 kg. Las hembras son de menor tamaño y
peso. Habita bosques de montaña, frecuentando igualmente zonas encharcadas y
pantanosas, bañándose en lagunas y riachuelos y también revolcándose en el fango para
librarse de los parásitos. En general, es muy ávido de la humedad, bebiendo
frenéticamente los días calurosos. Se adapta a todos los terreno, y lo mismo se le
descubre en los secos y áridos o pedregosos, que en las proximidades de marismas y a
cualquier altitud. Es animal de costumbres nocturnas, abandonando el encame al atardecer, después
de permanecer durante casi todo el día echado en una zona bien protegida del viento o del
frío. Los machos viven solitarios y las hembras, fuera de la época de celo, están con
las crías formando pequeños grupos. Su carácter es tranquilo, pero pasa en seguida a la irritabilidad, especialmente
cuando se siente acosado o presiente el peligro; entonces es extraordinariamente
impetuoso, lo mismo los machos que los hembras; éstas dan la alarma a las crías
emitiendo un pequeño ladrido y a continuación lanzando continuos gruñidos y moviéndose
con violencia de un lado para otro. Si está herido ataca ciegamente y puede causar
lesiones mortales con sus colmillos bien afilados, que en Asturias reciben el nombre de
caniles. Vagabundea siempre y en una sola noche puede recorrer de 25 a 50 kilómetros.
Esto indica que no es territorial y por lo tanto se traslada de un lugar a otro de la
región, sin permanecer una semana seguida en un mismo sitio. Come toda clase de frutas caídas, en especial bellotas de roble, castañas,
raíces, tubérculos, gusanos, también insectos y hasta pequeños reptiles. Un grupo de
jabalíes que penetre en una tierra sembrada de patatas o maíz causa daños
incalculables, porque estropea mucho más de lo que come, fozando y pisoteando todo lo que
encuentra a su paso. Deja el terreno como si una pequeña pala excavadora hubiera pasado
la noche trabajando en él. El celo comienza en noviembre, permaneciendo los machos junto a las hembras hasta
después del alumbramiento. Los rayones, que es así como se llaman las crías del
jabalí, en Asturias, por las rayas de color pardo oscuro que cubren todo el cuerpo, y que
resaltan sobre el pelaje amarillento rojizo, maman durante tres meses. El pelaje juvenil
persiste hasta la edad de seis meses aprox., y a partir de entonces se vuelve
uniformemente rojizo. A la edad de un año ya tienen el color de los adultos. La
gestación dura unos cuatro meses y la hembra alumbra de cuatro a ocho rayones. A la edad de siete años los machos del jabalí se vuelven hoscos y solitarios, estimándose su longevidad en veinticinco a treinta años.
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El urogallo El urogallo es el más grande y poderoso pájaro de los bosques asturianos. Tiene
la cabeza y la cola negras, cuello gris con ancho barreado negro, dorso pardo rojizo
entreverado de gris en las plumas secundarias de las alas y en el buche hay una banda
ancha verdoso brillante. El pecho es gris negruzco muy finamente rayado de blanco sucio,
teniendo además numerosas motas blancas. En el abdomen tienen las plumas blancas. En la
cola destaca, sobre el color casi completamente negro, una franja ancha, pero irregular,
de manchitas o puntos blancos; las plumas cobertoras de la cola tienen puntas blancas muy
notorias cuando el Urogallo las despliega en abanico durante el celo. Sobre los ojos hay
una carnosidad rojo brillante, especialmente en la primavera; el pico es blanco marfil y
las patas están emplumadas; en la raza cantabricus los ojos son marrones. La hembra es completamente diferente, más pequeña y con el plumaje muy rayado y
moteado profusamente de pardo, negro y gris blanquecino, destacando mucho en la primavera
la banda de color castaño rojiza del pecho y la cola muy redondeada y que, cuando la
mantiene plegada, llama la atención por su longitud. Su plumaje es por lo tanto muy
mimético entre los helechos secos y la hojarasca, y si a ello unimos su carácter tímido
y costumbres esquivas, el contraste con la bravura y exposición de los machos es muy
grande. El urogallo vive en bosques de montaña a altura variable entre los 600 y los
2000 metros en bosques caducifolios de la Cordillera Cantábrica con preferencia hacia el
Norte llegando hasta pocos kilómetros de la costa. Los extensos hayedos asturianos son su
hábitat favorito, y cuanto mayor es la pendiente en estos bosques, más posibilidades
existen de encontrar un cantadero. Para invernar se refugia en espesas matas de acebo y en matorrales de zarzas,
bajo los tejos y en arbustos de otras especies cuyas hojas constituyen gran parte, si no
exclusiva, de su dieta de invierno. Si el invierno es duro y las nevadas y ventiscas
persisten, excavan agujeros o túneles en la nieve, ocultándose en ellos varios
urogallos. Se alimenta fundamentalmente de materia vegetal. En Asturias come brotes tiernos
del haya al comienzo de la primavera, para lo que frecuenta las ramas altas de estos
árboles; en cuanto las hojas llegan a su completo desarrollo y ya las hembras han
comenzado la incubación, come en el suelo muchas hojas tiernas, brotes, flores de
arbustos y plantas silvestres, así como numerosos insectos y sus larvas. Uno de los más espectaculares cortejos en el mundo de las aves es el de los
machos del urogallo en los meses de abril y mayo. El celo condiciona casi toda la vida de
éste maravilloso pájaro, pues de ser la iniciación de la vida de su descendencia puede
convertirse trágicamente en su muerte, pero no por vías naturales, sino porque la
traición del hombre le acecha cada primavera, ya que el celo, intensamente vivido por el
pájaro, es aprovechado para matarlo, valiéndose, además, de la circunstancia de que
queda parcialmente sordo durante unos segundos durante el canto. El celo, y por lo tanto el cortejo nupcial a las hembras, comienza ocasionalmente
a finales de febrero o marzo, sobre todo en tiempos soleados y con viento del Sur; pero es
en la mitad de abril, cuando se inicia con verdadera intensidad, continuando durante todo
el mes de mayo en que adquiere su punto más alto. En junio el canto es más débil,
oscureciéndose en el comienzo de la muda a finales de la muda a finales de junio o en los
primeros días de julio. En los hayedos son famosos los lugares donde los machos atraen a las hembras con
su canto, conocidos como cantaderos, que están casi siempre en determinados árboles que
los pájaros utilizan año tras año, aunque no necesariamente por los mismos machos.
Dentro de cada uno de estos cantaderos, un macho dispone de sus propios límites formados
por un círculo o zona ideal que no suele sobrepasar los 600 m2, poniendo un cuidado
especial en sus evoluciones por el suelo y las ramas para no invadir cada uno los límites
del otro si los hay. Casi todos los machos vuelan al cantadero al amanecer, a veces en
grupos de 3 ó 4 pájaros desde bosques próximos donde la densidad es alta, pero más a
menudo solitarios, sin posarse nunca juntos, sino a distancias superiores a 50 metros. El comienzo del canto en Asturias suele producirse a las 4 horas 15 minutos (hora
solar), llegando las hembras entre 15 y 20 minutos más tarde; las hembras se posan en
ramas altas de los árboles próximos al que ocupan los machos, que se acercan en seguida
a ellas, realizando una primera demostración, como de amenaza, con las plumas del cuello
erizadas ante la general indiferencia de las hembras. Más tarde, éstas comienzan a
descender a las ramas bajas, excitándose entonces los machos gradualmente. Posteriormente
comienza el canto, momento durante el cual el macho extiende la cola formando un arco de
180º, levantándola en vertical sobre la línea del suelo. Las alas se separan del cuerpo
y cuelgan casi tocando el suelo, elevando el cuello en vertical con las plumas de la
garganta o barbas erizadas y el pico entreabierto, notándose mucho en él un temblor o
latido característico. El canto en esencia comienza con una serie de dobles golpes secos, abriendo el
pico en el primer sonido y cerrándolo en el segundo; los sonidos dobles se aceleran hasta
que inesperadamente se interrumpen por un golpe seco. Inmediatamente emite la tercera
parte del canto que más bien parece el sonido de una guadaña al ser afilada y es de muy
corta duración ( de 3 a 5 segundos). El cortejo termina tras una danza circular alrededor
de los árboles o de la misma hembra, si ésta bajó al suelo. El nido es construido por las hembras excavando una oquedad en el suelo,
normalmente al pie de un árbol grande, unas veces muy visible, pero más a menudo entre
la vegetación arbustiva, el espeso musgo de la umbría o al abrigo de un viejo tronco
medio podrido o caído en el suelo. La puesta normal de las hembras de urogallo en Asturias es de 6-8 huevos, y es
excepcional la de más de 10. El color de los huevos es mantecoso o amarillento con
manchitas y puntos amarillo-oscuro o pardo rojizo muy diseminados. Dos veces al día, la hembra deja el nido para alimentarse, no marchando sin
antes cubrirlo con hojas o hierba, material acumulado al lado del nido que en los últimos
días de la incubación resulta más visible. Fuera de la época de la reproducción los machos viven agrupados por un lado, y
las hembras y los jóvenes, por otro. Solamente los machos viejos parecen ser insociables,
permaneciendo aislados en un pequeño territorio donde exista abundancia de comida. |
Flora de Asturias
Los paisajes naturales se enriquecen gracias a una cubierta vegetal extensa y
rica que, como un manto, cubre laderas y pendientes con praderías y masas arbóreas. En las zonas bajas abundan especies muy diversas: los frutales se agrupan en
pomaradas soleadas; castaños, avellanos y nogales aparecen en línea o en conjuntos
cerrados, y destacan por su altura, los fresnos que circundan las cuadras y cabañas. Al borde de los ríos la vegetación ribereña aflora aún con más fuerza y nos
muestra especies arbóreas como los arces,
En la línea costera, la vegetación se limita a los tamariscos, algunos arbustos
y pequeños matorrales que resisten la fuerza del viento y del salitre, aunque en algunas
ocasiones los prados llegan a los mismos bordes de los arenales playeros. En los estuarios
y marismas los suelos están formados por fangos, limos y arenas en los que crece una
flora específica y variada con abundancia de algas y otros microorganismos. Los
acantilados calcáreos tienen un interés especial porque presentan espectaculares
geisers, llamados bufones, en la costa de Llanes, que se forman al borde del mar cuando
las mareas altas lanzan el agua por conductos subterráneos de la caliza para surgir, como
chorros verticales de viento y agua, en medio de las praderías de labor. Origen similar
tiene la playa de Gulpiyuri (Llanes), playa interior que se forma entre prados y maizales
por la acción del oleaje que, atravesando una galería subterránea, aflora en un amplio
círculo de arena durante la pleamar para desaparecer en la bajamar.
En los picos elevados, por encima de los 1300 m, desaparecen las especies
arbóreas a causa de las bajas temperaturas, La exhuberante vegetación, la diferencia de altitudes y el propio clima hacen de
Asturias un paraíso para el micólogo. Existe una gran variedad de setas, al tiempo que
son frecuentes aquellas de singular interés gastronómico. En primavera es fácil
localizar el Calocybe gambosa, conocido aquí como seta de primavera, Seta de San Jordi en
Cataluña o perrechico en el País Vasco. También es frecuente la Morchella esculenta,
denominada popularmente como colmenilla, y el Marasmius oreades o senderuela. En
verano-otoño son comunes la Russula virescens o Seta del Cura, los riquísimos boletos,
los rebozuelos, las setas del chopo, los Coprinus y Lepiotas, los champiñones, los
níscalos y otras.
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