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Había visto unos bisontes hacía algunos días, con un brebaje mágico hizo la tinta y se dirigió a
una cueva cercana, ya adentro, gracias a una fuerza poderosísima que alimentaba su poción, los trazos de
las imágenes que pintaba, con su pedazo de rama y sus dedos, se quedaban permanentes sobre la piedra